No imaginando jamás que el censo de 1985 iba a ser el último de sus vidas, los pobladores de Armero dieron datos a empadronadores que arrojaron unas cinco mil viviendas en la cabecera y una población aproximada a los 38 mil habitantes, repartidos a lo largo y ancho de 432 kilómetros cuadrados para entonces. Allí figuraron sus corregimientos de San Pedro y Méndez, la inspección departamental de policía de Guayabal y nueve fértiles veredas. Armero contaba con una fulgurante producción agrícola de 4.500 hectáreas sembradas en arroz y era conocida no sólo en el plano de las estadísticas como despensa importante del Tolima, sino que el algodón le ofreció la característica a través de 3.300 hectáreas regadas al lado de las carreteras que reflejaban, a cualquier mirada, unas llanuras cubiertas de blanco bajo su clima cálido, como si se tratara, paradójicamente, de alguna pequeña ciudad de Europa por los días de diciembre. El sorgo, distribuido en 4.500 hectáreas y el maní en 7.500, cerraban, junto a una menor producción de maíz y ajonjolí, para no contar cerca al centenar poblado de café, la gran riqueza, la bella variabilidad de un municipio agrícola cuya mayor parte de extensión al estar ocupada por cultivos aprovechables para la ganadería, convertía al antiguo San Lorenzo en una de las regiones, también, de mayor producción ganadera del Tolima.